viernes, 17 de agosto de 2012

En un tiempo canalla…

Pedro Costa Morata *

17 de agosto de 2012
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…el presidente del Gobierno, los ministros, portavoces y diputados en el poder mienten diaria y deportivamente, traicionan sus promesas electorales, no dudan en proteger y enriquecer a los delincuentes económicos y se entregan a poderes económicos extranjeros cuyas políticas afectan, siempre en negativo, a la inmensa mayoría de los ciudadanos nacionales.

 

…una mayoría de los votantes elige a quienes van a sacrificar a esa mayoría, y sigue sosteniendo, como opinión pública, a los villanos que envenenan la vida política y social. Estos votantes, que hacen posible un gobierno tal, imponen una significativa “degradación moral” ciudadana, ya que tanto si aceptan a ese gobierno como si acaban aborreciéndolo son una rémora persistente para la movilización social (aunque supongan un porcentaje importante en muchas de las manifestaciones antigubernamentales que se vienen desarrollando).


…mandan las grandes empresas, los banqueros y la gente de negocios, incluyendo muy especialmente los especuladores; no las personas e instituciones elegidas democráticamente. Los presidentes, por ejemplo, del Banco Santander, Telefónica  o Repsol mandan, como todo el mundo sabe, mucho más que los ministros de Economía o de Industria; y el conciliábulo de capitanes de empresa, sobre todo si los convoca el presidente de Gobierno (como si de una tercera cámara se tratara), manda más –cien veces más– que el propio presidente rodeado de todo un Congreso de 350 diputados elegidos en cada cuatrienal “fiesta democrática”. Marx alude, en Las luchas sociales en Francia (1895), a la toma del poder de Luis Felipe de Orleans tras la revolución de 1830, y atribuye al banquero acompañante, el liberal Laffitte, esta frase lapidaria: “A partir de hoy comienza el reino de los banqueros”.

…se rinde tributo y pleitesía a los mercados que se ensañan con la economía, con el sistema productivo y con la población más necesitada. De identidades –individual o colectivas– semiocultas, estos mercados constituyen la hez y el desecho del capitalismo internacional, al mismo tiempo que su esencia más auténtica y tradicional; y es ante el altar de los intereses crematísticos de ese complejo desalmado y delicuescente como se nos sacrifica.

…con el estallido de la profunda, intrínseca y mil veces demostrada irracionalidad del sistema económico imperante, se consigue ocultar que ni la banca privada tiene sentido ni es prudente o racional la ausencia de una estructura productiva básica en manos del sector público, particularmente ciertos sectores estratégicos. Los liberales en el poder –tanto si son conservadores como si son socialistas– convierten en objetivo y dogma poner de rodillas al Estado y reducir a mínimos las dimensiones de lo público… aun sabiendo perfectamente, unos y otros, que no se puede salir con bien de ninguna crisis económica sin un papel acrecido –militante, expansivo– del Estado y la recuperación de parcelas perdidas de lo público.

…el Estado, secuestrado por sus enemigos, acepta su autonegación y se condena a crisis cada vez más perniciosas, dejándose devorar por los intereses privados, que lo atacan y mutilan para convertir en negocio lo que debieran ser, siempre, economía social o servicios públicos. Y se deja colgar de la triple soga impuesta por el imperio neoliberal europeo-comunitario: la prohibición de que el banco central financie el déficit y la economía necesarios, la reducción de ingresos fiscales para reducir al máximo todo lo público y la libertad máxima al dinero, es decir, a los bancos.

…muy pocos se atreven a enfrentarse a las realidades más inmediatas y perniciosas que hunden a España, que son la Unión Europea y sus instituciones económicas ultramontanas y opresivas, especialmente el Banco Central Europeo y el propio euro. Y se sigue eludiendo el análisis de su naturaleza y vocación prístinas desde su creación en 1957: un club de empresarios, mercaderes y burgueses atemorizados por la URSS e impulsados y encauzados por Estados Unidos para reforzar por todos los medios el liberalismo más descarnado y ventajista, es decir, explotador y desigual; y cerrando los ojos, además, al empeoramiento acarreado por sus transformaciones y exigencias a partir de los años 1980. Al contrario, se la sigue sacralizando y se asume la doctrina oficial de que los problemas de España se acabarán  cuando seamos tan  competitivos como Alemania… (Más necia es la creencia de que todo se arreglará cuando regeneremos, desde dentro, a esa Unión Europea de nuestras catástrofes).

…la mayor parte de las medidas socioeconómicas no van encaminadas a resolver ningún problema estructural, como se proclama, sino a empobrecer, humillar y atemorizar al pueblo: a disciplinarlo, en resumen (según el argot económico ultra). Y por eso en unos meses nos habrán situado en la miseria y el miedo de la posguerra y, para 2015, en pleno siglo XXI. No tendría por qué sorprender, pues, que el régimen supure, pese a cierto cuidado por evitarlo, eslóganes como el de la Fabra, esa diputada de cuya existencia, sin duda  brillante y necesaria, apenas teníamos noticia.

…el ya legendario “Que se jodan”, de aquella hija aventajada de tan notable cacique, no es un exabrupto ni una salida de tono (mucho menos, un “error”), sino la expresión literal, formal y estructural, política y metafísica, chabacana y solemne de cuanto siente, proyecta y materializa un partido incrustado en la reacción política histórico-internacional. La racial, oportuna e insuperable proclama de tan excelsa criatura hay que considerarla mensaje y voluntad, programa y objetivo, prosa y poesía. Y lo de menos es que se le escape a una hija del sistema, malcriada por su padre y bien casada por el clan. En la antropología, ciertamente canalla, de esa turba que aplaude e insulta, y que se entusiasma a ritmo del recorte, siempre ha quedado establecido que el pobre lo es por su culpa, ya que ni es listo ni trabaja como debe (a diferencia de ellos, activos y recompensados por el esfuerzo y por tanto adalides de esa teoría tan dogmática como acientífica), y en consecuencia no merecen preocupación, reconocimiento ni apoyo algunos: que se jodan.

…lo que entendemos por sistema (gobierno, oposición alternatoria, periódicos y columnistas, cantidad de buenas conciencias políticas y también tontos innumerables), se rasgan las vestiduras cuando un grupo de ciudadanos obtiene alimentos, expeditivamente, de unos almacenes para paliar el hambre que ya devasta a la ciudadanía: ¡condenable hecho ilegal! Y hacen como que no se enteran de la campaña mortífera de un gobierno y una situación radicalmente inmorales, necesariamente ilegales, rutinariamente inconstitucionales.

…a los privilegiados, política y económicamente, les ha de llegar, tanto si les gusta como si no, el rumor creciente de la protesta y la insurrección. Porque el pueblo, la clase, los pobres, la alienación, los explotados inermes no han desaparecido, ni han perdido virtualidad, aunque se los prefería olvidar. Todo lo contrario: están resucitando y levantándose, han vuelto y afilan sus armas y recursos –los que siempre han estado en sus manos, en cada una de sus levantamientos históricos contra la tiranía de los gobiernos lacayos– para lo que haga falta; y esto deberá comprobarse más pronto que tarde.
(*) Pedro Costa Morata es ingeniero, sociólogo y periodista. Premio Nacional de Medio Ambiente  en 1998.
http://www.cuartopoder.es/tribuna/en-un-tiempo-canalla/3118

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